EL CALOR, EL CUERPO Y EL RUIDO
- RG Psicólogos

- hace 6 días
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Actualizado: hace 5 días
Llega el verano, sale el sol con su luz y con el ruido.

Con la llegada de la primavera y el buen tiempo, comenzamos a guardar los abrigos, prendas que para muchas personas sirven de refugio durante el frío. Este buen tiempo puede ser sinónimo de alegría, descanso o momentos para disfrutar; sin embargo, también puede ser el pistoletazo de salida para una de las temporadas de mayor angustia psicológica: la exposición del cuerpo.
Antes de seguir, quiero que le pongas cara a este sentimiento. Quizás te suene alguna de estas historias:
Lucía y el cambio de armario: Mayo se acerca, las temperaturas rondan los 25 grados y la ropa de invierno comienza a sobrar. Cuando Lucía saca la ropa de verano, encuentra ese vestido de tirantes con estampado de lunares que se compró en las rebajas. Sin embargo, al verlo, lejos de tener ganas de ponérselo, comienza a sentir un nudo en el estómago. “Todavía no estoy lista”, piensa. Finalmente, se decide por una blusa de manga larga. Para Lucía, el buen tiempo es una cuenta atrás; el Sol no solo es luz.
Gonzalo y su rutina saludable: Gonzalo y sus amigos llevan un año en el gimnasio; sin embargo, él cree que su progreso se está quedando atrás. Hace unos meses le comentó esto a su amigo Alejandro, quien le contó que lleva cuatro meses siguiendo una dieta proteica para ganar masa muscular con suplementación y creatina. Desde hace unos meses, Gonzalo mide cada gramo de arroz que ingiere, cancela quedadas con sus amigos que implican ir a comer o cenar y, si va, estudia la carta del establecimiento para calcular las calorías de lo que comerá esa tarde. Para Gonzalo, la salud se ha vuelto disciplina, y la disciplina se ha convertido en una condena.
Ana y el eco de las redes: Ana ve TikTok en sus ratos libres. En cuestión de una semana, su “Para ti” se ha inundado de vídeos sobre la “operación bikini”, retos de glúteos en 30 días o el secreto para un abdomen plano. Cada scroll es un bombardeo, un recuerdo de que su cuerpo debería cambiar. Poco a poco, la voz de los vídeos se funde con la suya propia. El ruido es tan fuerte que Ana ya no recuerda su verdadera voz.
“La insatisfacción corporal no siempre empieza en el espejo; a veces empieza en el ruido que aprendemos a escuchar.”
El cuerpo como mercancía: ¿desde cuándo nuestro cuerpo necesita prepararse?
Seguramente hayas escuchado hablar sobre la “operación bikini” o el nuevo fármaco de moda para adelgazar. Me gustaría que te detuvieras un segundo: ¿necesita acaso nuestro cuerpo seguir un patrón para salir a la calle?
Si sientes angustia con la llegada del calor, es importante que sepas que no estás sola/solo. La insatisfacción corporal no nace de la supervivencia humana, no es un defecto de nuestra mente ni se reduce a un problema de autoestima, sino que es una consecuencia predecible de la sociedad en la que vivimos. Nuestra cultura nos vende que el cuerpo es una mercancía que hay que pulir; un proyecto, una exhibición.
“Parece que nos enseñan a mirar nuestro cuerpo como si fuese un objeto a analizar, al que los demás tienen derecho a calificar, olvidando que es el hogar que nos permite vivir, sentir, abrazar…”
El cuerpo como herramienta de castigo
El ideal que tenemos en mente inunda nuestra percepción sobre nosotros mismos y sobre los demás; coloniza nuestra relación con la comida y con el deporte. La autoexplotación comienza a disfrazarse de autocuidado, y corremos el riesgo de entrar en un bucle de difícil salida.
El ruido que escuchan Ana, Lucía o Gonzalo se instala en la mente y se funde con su propia voz y criterio. Es como un juez que te recuerda que tu preparación fracasa tantas veces como diferencias encuentres entre el ideal y tú. Y ahora te lanzo una pregunta: ¿cuándo se es lo suficientemente parecido al ideal?, ¿dónde está el límite?
Este bucle se convierte en una trampa. La sociedad nos impide limitarnos a habitar nuestro cuerpo; pasa de ser nuestro medio de vida a nuestra herramienta de castigo. Si al mirarte al espejo sientes que nunca es suficiente, recuerda que estás intentando ganar un juego en el que las reglas han sido diseñadas específicamente para que siempre pierdas.

Resignificación: el cuerpo como hogar
La insatisfacción corporal no es una muestra de tu debilidad, no es culpa de tu autoestima ni de tu falta de amor propio. No tienes que ganar esta guerra; puedes decidir dejar de lucharla. Precisamente aquí es donde el trabajo terapéutico cobra sentido.
Desde la psicoterapia integradora, trabajamos la resignificación: entender que nuestro cuerpo no es el campo de batalla, sino que es nuestro refugio. Es el lugar donde vamos a vivir siempre y el medio que nos permite sentir, pensar, descansar o amar. El cerebro, nuestras emociones y el cuerpo están profundamente interrelacionados. Entendiéndolo desde una mirada compasiva, podemos comenzar a trabajar en la elaboración de un nuevo significado.
Como relata de manera literaria Ernesto Pérez Vallejo:
“Se desnudó, y donde ella aseguraba que le sobraban kilos yo juré que le faltaban besos”.
A veces, los besos que nos hacen falta vienen de nosotros mismos. La terapia puede ayudarnos a empezar a dárnoslos; podemos, aunque sea durante 50 minutos, descansar de la mochila que cargamos día a día hasta que, con trabajo, poco a poco, vaya pesando menos. La resignificación no es un camino sencillo, tampoco lineal, especialmente cuando nos encontramos ante tanto ruido de fondo.
Voy a proponerte un pequeño ejercicio.
Este verano, cuando sientas que el volumen del ruido no para de subir, busca tres sensaciones físicas que puedas percibir con tu cuerpo y no estén relacionadas con tu imagen: el calor del sol en tus hombros, la leve brisa del viento que te acaricia la cara, el tacto de la arena o la hierba en tus pies…
Recuerda que nuestro cuerpo también es un receptor de sensaciones placenteras. No tienes por qué transitar este camino en soledad. En consulta, te ofrecemos un espacio seguro para acompañarte a cambiar poco a poco el foco; queremos bajar el volumen del ruido externo, diferenciarlo de tu voz. Trabajamos juntos aquello que nos pesa, soltando la exigencia y el control para que el cuerpo y la mente vuelvan a ser hogar.
El objetivo no es obligarte a amar cada rincón de la noche a la mañana, sino dejar de estar en guerra.
Y tú, ¿también escuchas ruido al comenzar el buen tiempo? ¿Has llegado a confundir el ruido con tu propia voz? Te leemos.

Escrito por Paula Monasterio.
Diseño y edición: Alejandro García.
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