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Cuando un bebé está cansado, llora.



Foto de Brandon Day


Cuando un bebé está cansado decimos que tiene una rabieta, llora y patalea incansablemente hasta que aparece el ansiado descanso.


Lejos del ritmo de vida del hombre prehistórico, donde las tribus primero trabajaban para satisfacer sus necesidades y luego se paraban a descansar en lugar de planificar el futuro, la vida actual se ha convertido en un frenético ritmo de quehaceres. Desde la más tierna infancia, estamos supeditados a unos horarios concretos, a una programación escolar, actividades extraescolares, deberes en vacaciones… El horario marcado por la sociedad actual se impone a nuestras necesidades personales, pero aún más, a nuestras necesidades fisiológicas. Qué ocurre, por ejemplo, si eres una persona vespertina, es decir, si te sientes más activo por la tarde, cómo te adaptas al normativo horario matutino.


Estamos inmersos en un sistema que exige de nosotros estar en constante movimiento, como un tiburón que nada sin descanso puesto que si se detiene morirá asfixiado.


Vivimos en una sociedad que concibe el hecho de estar “ocupado” con ser “productivo”. Esta idea nos cala desde

que somos pequeños, no sólo a nivel laboral, cuantas más tareas realices, más realizado te sientes. Por lo que, a menudo, nos vemos inmersos en millones de actividades que realizamos a trompicones y de forma dispersa, pero sin centrarnos en ninguna.

Nos sentimos constantemente frustrados con nosotros mismos pues es imposible alcanzarlas exigencias sociales las que estamos expuestos.


Es lo que el sociólogo y filósofo, Durkheim llamó:

“la enfermedad de la aspiración infinita”

El ritmo frenético en el que vivimos reduce nuestra capacidad de permanecer en el presente, dedicarnos tiempo a nosotros mismos y conectar con nuestras propias necesidades que no tienen que coincidir necesariamente con la de los demás.


A menudo, esta aceleración provoca la llamada “pobreza de tiempo“ que genera su mala gestión, así como dificultades de concentración, olvidos recurrentes, desequilibrios personales y profesionales. Además de problemas relacionados con nuestra salud física como aumento del riesgo de enfermedades coronarias, depresión del sistema inmune, problemas en nuestra salud mental como son el estrés crónico, síndrome de burnout, ansiedad o la depresión. No ­disfrutamos del momento presente porque estamos constantemente anticipando el futuro.




Byung-Chul Han, uno de los filósofos más influyentes en la actualidad, sostiene que nos encontramos ante la sociedad del rendimiento y del cansancio, en la que cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando.


Vamos siempre con la angustia de no hacer todo lo que podríamos hacer y encima nos culpamos a nosotros mismos de nuestra supuesta incapacidad”

En numerosas ocasiones, durante la terapia, observamos cómo nuestros pacientes se sienten culpables por tener tiempo libre, de ocio o tiempo “para no hacer nada”. Incluso llegando a aburrirse, frustrarse, sentirse vacíos y sin ser capaces de decidir qué hacer con ese tiempo. Necesitamos estar ocupados para no “no hacer nada”, lo que es, en numerosas ocasiones, pensar en sí mismos, hacer una reflexión sobre nuestra vida, una auto introspección. Esto es lo que ha sucedido en muchas personas con la situación COVID puesto que nos ha obligado a pasar tiempo con uno mismo, a mirarnos y a darnos cuenta de lo que no marchaba bien en nosotros.


Existen numerosos estudios en los que se pone de manifiesto el hecho de que las vacaciones y el descanso no sólo aumentan creatividad y la productividad, sino que se disminuye el riesgo de sufrir enfermedades físicas y/o mentales. Los expertos recomiendan que no sólo se tome un período vacacional a lo largo del año, sino que podamos hacer varias “escapadas” a lo largo del año para desconectar de nuestra rutina y reconectar con nosotros mismos. Por ello, es fundamental que encontremos la forma de pararnos a escuchar nuestras necesidades de tomarnos tiempo para nosotros, para hacer deporte, meditar, estar con nuestros seres queridos y realizar actividades de oc


Poner límites, priorizar lo importante, decir no, delegar en los demás es una ardua tarea, pero no imposible.


"De vez en cuando desaparece, tómate un pequeño descanso, para que cuando vuelvas a tu trabajo tu juicio sea más acertado. Toma cierta distancia, porque así el trabajo parece más pequeño, la mayor parte se puede asimilar en un abrir y cerrar de ojos, y la falta de armonía y la proporción es más fácil de ver"

Leonardo da Vinci.

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